Conocida como la leyenda de Los Perros del Diablo o El Vampiro de la Baix Camp, te presentamos la que es, sin duda, una de las leyendas más inquietantes y singulares de toda la península, ya que mezcla el mito del hombre lobo con el del vampiro, creando una criatura única que ha quedado grabada incluso en la heráldica oficial. Hablamos de la leyenda de El Perro Vampiro de Pratdip.
La historia del Dip se remonta a los tiempos en que los densos bosques de Tarragona eran lugares prohibidos para los hombres una vez se ocultaba el sol. ¿Quieres saber de dónde surge este ser tan misterioso y terrorífico? Te invitamos a conocer una de las leyendas más oscuras y singulares de todos los rincones de Tarragona.
Leyenda de El Perro Vampiro de Pratdip
En las tierras tarraconenses de la Baix Camp, donde la Sierra de Llaberia recorta el horizonte con sus picos de piedra gris, existe un pueblo que convive con una sombra desde hace siglos. Mientras otros lugares tienen flores o castillos en sus emblemas, Pratdip luce con orgullo y temor a un perro infernal en su escudo oficial.
La leyenda de El Dip no es el típico cuento de hadas; es un relato de terror rural, de noches de puertas atrancadas y de un depredador que no buscaba carne, sino la esencia misma de la vida.
Adentrarse en esta historia es descubrir que, en los rincones más profundos de Cataluña, el aullido de un animal cojo puede ser el heraldo de una presencia que la razón no alcanza a explicar.
Hubo un tiempo en que los habitantes de Pratdip no se atrevían a mirar por la ventana cuando el sol se hundía tras las montañas. Sabían que, con la oscuridad, llegaba el dueño de los senderos: el Dip.
Físicamente, el Dip era una criatura que desafiaba la lógica de la naturaleza. Quienes aseguraron haberlo visto desde la seguridad de un muro lo describían como un perro negro, de pelaje áspero y oscuro como el hollín, más grande y robusto que cualquier lobo que hubiera bajado jamás del Pirineo. Sus ojos no reflejaban la luz, sino que parecían contener dos brasas encendidas que ardían con una inteligencia maligna. Pero su rasgo más aterrador era su andar: el Dip era cojo de una de sus patas delanteras, lo que le otorgaba un trote rítmico, un clac-clac asimétrico que resonaba en el silencio de las calles empedradas como un recordatorio de su llegada.
Cuentan los ancianos de Pratdip que estos seres eran enviados por el mismísimo Diablo para vigilar las tierras y castigar a quienes se atrevieran a romper la paz de la montaña. A diferencia de los lobos, el Dip no atacaba para devorar. Era un ser de naturaleza vampírica. Su método era quirúrgico y silencioso. Se deslizaba por los corrales saltando muros inalcanzables para un animal normal.
Los perros guardianes, que deberían haber ladrado hasta el amanecer, se encogían en sus rincones, mudos de puro terror. A la mañana siguiente, los pastores encontraban a sus mejores cabras u ovejas intactas, sin un rasguño, pero muertas. Al examinarlas, descubrían solo dos pequeñas perforaciones en el cuello: el Dip las había vaciado de sangre hasta la última gota.
La leyenda más oscura cuenta que también acechaba a los trasnochadores y a los viajeros solitarios que cruzaban los desfiladeros. Se dice que el Dip tenía la capacidad de hipnotizar a sus víctimas con su mirada de fuego, dejándolas paralizadas mientras se acercaba cojeando rítmicamente. En las noches de invierno, cuando el viento soplaba con fuerza desde la sierra, los habitantes de Pratdip cerraban sus puertas a cal y canto, asegurándose de que el fuego de la chimenea estuviera alto, pues se creía que el Dip temía a la luz, pero adoraba el frío de la muerte.
Se cuenta que una noche de invierno, un joven del pueblo, confiado en su juventud, decidió cruzar el barranco para visitar a su amada en un pueblo vecino. A mitad de camino, sintió el frío de una presencia a su espalda. Al girarse, vio dos puntos de fuego observándolo desde la maleza.
El joven corrió, pero el sonido de la pata coja del Dip lo seguía de cerca, ganando terreno. Exhausto, el joven llegó a las puertas de la Ermita de Santa Marina y, justo cuando sentía el aliento gélido de la bestia en su nuca, se abrazó a los muros sagrados. El Dip soltó un gruñido que no parecía de este mundo y desapareció en la niebla, dejando una huella de tres garras marcada en la tierra húmeda.
La figura de este perro vampiro fue tan real para los habitantes de la zona que, en el retablo de Santa Marina (del siglo XVII), se le puede ver representado. Fue en el siglo XIX cuando los avistamientos comenzaron a disminuir, pero el miedo ya se había convertido en piedra: el nombre del pueblo, Prat-dip (Prado del Dip), y su escudo, donde aparece la silueta del perro cojo, son el recordatorio eterno de que, en esta tierra, el mito y la realidad caminaron de la mano por los mismos senderos.
A día de hoy, el Dip ha dejado de ser una amenaza física para convertirse en un icono cultural que define la identidad de Pratdip. Aunque ya no aparecen rebaños desangrados, la figura del perro vampiro está presente en cada esquina del municipio: desde las esculturas que adornan las plazas hasta el escudo del ayuntamiento.
Cada año, curiosos y amantes del misterio recorren las rutas de la Sierra de Llaberia buscando las cuevas donde se dice que estos seres dormían, y los vecinos más ancianos, aunque sonríen ante los turistas, siguen evitando caminar solos por ciertos parajes cuando la niebla baja de la montaña y el silencio se vuelve demasiado pesado.
El Dip era el guardián de una sierra salvaje, un recordatorio de que somos invitados en un mundo que tiene sus propias reglas y sus propios vigilantes. Al final, la historia del perro cojo nos dice que, aunque la modernidad ilumine nuestras calles, siempre quedará un rincón de sombra donde lo imposible sigue acechando.

Pratdip y la Sierra de Llaberia
El escenario de esta leyenda del perro Dip es el municipio de Pratdip, en la comarca del Baix Camp. El pueblo conserva una estructura medieval que ayuda a sumergirse en la historia, con calles estrechas y restos de una muralla que parece haber sido construida tanto para defenderse de ejércitos como de criaturas de la noche.
El pueblo está rodeado por la Sierra de Llaberia, un conjunto de montañas kársticas llenas de cuevas, simas y agujeros profundos. Es en estas oquedades donde, según la creencia popular, los Dips se ocultaban durante el día para protegerse de la luz solar. La orografía del terreno, con sus riscos verticales y sus bosques sombríos de encinas y pinos, crea el hábitat perfecto para una criatura que domina el arte del acecho.
Si paseas por Pratdip, verás que el Dip está en todas partes. Está en la fachada del ayuntamiento y en la memoria colectiva. A pocos kilómetros se encuentra la Ermita de Santa Marina, un lugar de peregrinación fundamental. En este entorno se decía que los Dips eran más activos. La ermita actúa como un refugio espiritual en mitad de un paisaje que, aun hoy, resulta salvaje y sobrecogedor cuando comienza a atardecer y la niebla baja de las cumbres.

Si decides realizar una visita a la tierra de los perros vampiro, no puedes perderte:
- El Castillo de Pratdip: Las ruinas de esta fortaleza del siglo XII dominan el pueblo y ofrecen una vista panorámica de los valles donde cazaba el Dip.
- La Ermita de Santa Marina: Un lugar lleno de paz, pero rodeado de las leyendas de los ataques del animal. El retablo original (reconstruido) muestra la iconografía del ser.
- Las Torres de Defensa: Restos de la muralla que protegía el núcleo urbano.
- La Sierra de Llaberia: Un paraíso para senderistas que deseen explorar las cuevas donde, según se dice, aún podrían dormir los últimos descendientes de la estirpe del Dip.
Dónde está Pratdip
Si te gustaría hacer una visita al lugar donde se desarrolló la layenda del perro vampiro Dip, te preguntarás dónde está el municipio de Pratdip. Este rincón de misterio se encuentra en el interior de la provincia de Tarragona, a un paso de la Costa Dorada pero en un mundo aparte.
Para llegar a Pratdip, desde Tarragona capital, se toma la autovía A-7 o la AP-7 en dirección sur hasta la salida de Hospitalet de l’Infant. Desde allí, la carretera T-310 y luego la T-311 te conducirán a través de un paisaje de montaña hasta el corazón del pueblo. Son aproximadamente 35 minutos de viaje.
A continuación, te dejamos un mapa con la ubicación exacta de dónde está Pratdip en la provincia de Tarragona (Cataluña):