Los Minairons del Pirineo, también conocidos como Manairons o Diablillos del canuto, son unos pequeños seres que, a pesar de su diminuto tamaño, tienen la fuerza de gigantes y una ética del trabajo que roza la locura.
Estamos ante una de esas leyendas más fascinantes de la mitología pirenaica, considerada la explicación mágica de los paisajes más abruptos de los Pirineos.
¿Quieres saber qué son los Minarions y qué les ha hecho tan popular dentro de la mitología de Cataluña? Te invitamos a descubrir la verdadera historia de los Minarions: Los Elfos de los Pirineos.
Leyenda de los Minairons
En las altas cumbres del Pirineo, donde las rocas parecen haber sido arrojadas por manos colosales, se esconde un secreto que cabe en la palma de una mano.
La leyenda de los Minairons nos traslada a un mundo de magia diminuta y peligrosa, donde un simple canuto de agujas puede contener a miles de trabajadores incansables. No son hadas amables ni duendes juguetones; son fuerzas de la naturaleza que no conocen el descanso y que exigen un amo con una voluntad de hierro.
Prepárate para descubrir la historia de los seres que construyeron puentes en una noche y levantaron montañas de piedra, y de cómo un solo descuido con los Manairons puede llevar a un hombre a la más absoluta desesperación:
Cuentan los pastores que en la noche más corta del año, la noche de San Juan, ocurre un prodigio bajo las hojas de los helechos más antiguos de la montaña. Si uno sabe buscar, encontrará unas semillas minúsculas que, al germinar bajo la luz de la luna, dan vida a los Minairons. Son seres tan diminutos que el ojo humano apenas percibe un rastro de polvo brillante, pero su fuerza es superior a la de mil bueyes. Para poseerlos, hay que atraparlos antes del alba y encerrarlos en un «canut» (un tubo de madera o hueso usado para guardar agujas).
Hace mucho tiempo, en una próspera masía del Alt Urgell, vivía un amo que poseía uno de estos canutos. Gracias a él, sus campos estaban siempre limpios y sus muros de piedra se levantaban en una sola noche. El amo guardaba el secreto con celo, prohibiendo a cualquiera tocar sus pertenencias. Pero un día, el hambre de curiosidad fue mayor que el miedo.
Mientras el amo estaba fuera, uno de sus mozos encontró el canuto escondido en el fondo de un arcón. Al agitarlo, sintió un zumbido, como si miles de abejas estuvieran atrapadas dentro. Sin pensarlo dos veces, desenroscó la tapa. Al instante, una nube negra y espesa brotó del interior, rodeando la cabeza del mozo con un ruido ensordecedor de miles de vocecillas chillando al unísono: «¿Qué haremos? ¿Qué diremos? ¿Qué haremos? ¿Qué diremos?».
El mozo, aterrorizado, no comprendía que los Minairons no tienen voluntad propia; son esclavos del trabajo y su única razón de ser es obedecer. Al verse libres y sin tareas, su desesperación se tornó en furia. Empezaron a pellizcar la piel del joven y a tirar de sus cabellos mientras gritaban más fuerte: «¡Danos trabajo o te mataremos! ¿Qué haremos? ¿Qué diremos?».
En un arrebato de pánico, el mozo señaló la montaña y gritó: «¡Quitad todas las rocas de la ladera y traedlas aquí!». Los Minairons se lanzaron como un vendaval. En cuestión de minutos, el aire se llenó de piedras voladoras. Las rocas, grandes como mulas, eran transportadas por el aire como si fueran plumas. El mozo veía con horror cómo un gigantesco pedregal comenzaba a sepultar los campos de cultivo de su señor, creando lo que hoy llamamos una tartera o pedregal.
Cuando los Minairons terminaron, volvieron a rodearlo, más sedientos de órdenes que antes. «¡Más! ¡Queremos más!». El joven, dándose cuenta de que si no los mantenía ocupados acabarían con él, aguzó el ingenio. Recordó un riachuelo cercano y gritó: «¡Vaciad ese río y volvedlo a llenar, gota a gota, con vuestras manos!».
Esa orden salvó su vida. Los Minairons se dispersaron hacia el agua, entretenidos en la tarea imposible de contar y mover cada gota. Horas después, el amo regresó y, al ver el desastre de piedras en su valle, corrió al río, recuperó el canuto y, con una palabra mágica, aspiró de nuevo a los duendes a su prisión de madera.
Desde entonces, se dice que aquel mozo nunca volvió a abrir nada que no fuera suyo, y que las grandes tarteras del Pirineo son el recordatorio de aquella tarde en la que los Minairons casi borran un pueblo del mapa por puro aburrimiento.
A día de hoy, los Minairons siguen muy presentes en la cultura popular de los Pirineos. En muchos pueblos de montaña, cuando alguien es muy trabajador o inquieto, se dice que «tiene Minairons en el cuerpo«. Pero su rastro más visible es el geológico: las grandes acumulaciones de piedras sueltas en las laderas de las montañas (las tarteras) se siguen señalando como el trabajo inacabado de estos duendes.
Caminar por una tartera es difícil y peligroso, ya que las piedras están inestables. Para los habitantes del Pirineo, esa inestabilidad es la prueba de que los Minairons las soltaron con prisa, dejando el trabajo a medio terminar.
Además, en Navidad, la figura del Tió de Nadal a veces se asocia con estos seres en algunas zonas rurales, sugiriendo que dentro del tronco viven estas fuerzas de la naturaleza. Existe incluso una ruta literaria y de senderismo en el Alt Urgell dedicada a ellos, donde las familias buscan los «escondites» de los Minairons entre los bosques de pinos, manteniendo viva la advertencia de que, si encuentras un canuto en el bosque, mejor será que tengas pensada una buena lista de tareas.

El Pirineo de Lleida y el Alt Urgell
Si te preguntas cuál es el hogar de Los Minairons, aunque se pueden encontrar en toda la zona de los Pirineos de Lérida, estos pequeños seres habitan principalmente en zonas de naturaleza virgen y zonas de alta montaña. Así por ejemplo, podríamos encontrar a los Minairons en:
✶ La Cueva de los Minairons: En el pueblo de La Guàrdia d’Ares, existe una ruta que lleva hasta la supuesta cueva donde viven estos seres. Es un paisaje de una belleza cruda que ayuda a visualizar perfectamente el relato.
✶ Las Tarteras del Pallars: Cualquier zona de pedregales en los Pirineos se considera obra de estos duendes, pero es en las comarcas del Pallars Sobirà y el Alt Urgell donde la tradición es más rica.

Pues completar tu ruta por el Pirineo de Lérida con algunas de las siguientes actividades recomendadas por Civitatis:
Dónde están los Minairons
Con un poco de suerte, puedes seguir el rastro de estos trabajadores incansables. Para ello, te preguntarás dónde están los Minarions. Su ubicación más exacta es la comarca del Alt Urgell en Lleida.
Para llegar a la ubicación de los Minairons, desde Lleida, toma la C-13 hacia el norte y luego la N-260 en dirección a La Seu d’Urgell. Los desvíos hacia los pueblos de montaña te introducirán en el corazón del territorio Minairón.
A continuación, te dejamos indicado en el mapa cuál es la ubicación de los Minairons, es decir, el lugar donde puedes ver su trabajo cerca del pueblo La Guardia de Arés: