En la tradición de Cantabria, no todas las sirenas son seres temidas. Existe una figura amada por los pescadores, conocida cariñosamente como la Sirenuca.
Aunque el origen de la leyenda de la Sirenuca es trágico y nace de una maldición materna, este ser de la mitología cántabra se alejó de la oscuridad para convertirse en la voz que guía a los barcos entre la niebla.
A diferencia de otras leyendas de sirenas, la historia de la Sirenuca de Castro Urdiales incluye elementos de redención, un amor imposible y un objeto mágico que sella su destino: un espejo de nácar. Es una leyenda que nos habla de la atracción fatal por lo desconocido, del peso de las palabras dichas con ira y de cómo un objeto tan sencillo como un espejo de nácar puede convertirse en el ancla que arrastra a un alma hacia su verdadero destino.
La leyenda de la Sirenuca y el espejo de nácar
Si existe un lugar donde la frontera entre la tierra y el abismo se vuelve difusa, es en las oquedades de la costa cántabra. Allí, donde el salitre se funde con la piedra, nace la historia de un ser que es parte de la identidad de los hombres del mar.
A diferencia de las sirenas de otras mitologías, la sirena de Castro Urdiales no nació en las profundidades, sino en las calles empedradas de la Puebla Vieja. Prepárate para conocer el relato de la Sirenuca, la muchacha que prefirió el reflejo de las olas al calor del hogar. Aquí te dejamos la leyenda:
Había una vez en Castro Urdiales una muchacha de una belleza tan deslumbrante como peligrosa. Pero no era su rostro lo que preocupaba a los vecinos, sino su carácter indómito y su extraña obsesión por los acantilados. Mientras el resto de las jóvenes aprendían los oficios de la villa, ella sentía una afición desmedida por mariscar, pero no lo hacía como los demás. Despreciaba la compañía de otros mariscadores y buscaba siempre las zonas más recónditas, aquellas donde las rocas cortan como cuchillos y el mar golpea con una furia que espantaría al más valiente.
Su motivación era doble: en esos riscos prohibidos, donde nadie más se atrevía a poner el pie, la pesca era mucho más abundante y rica, y allí podía entregarse a su vanidad sin testigos. Su mayor tesoro era un espejo de nácar que siempre llevaba consigo. La joven pasaba las horas entre las grietas, recogiendo el mejor marisco mientras se contemplaba en el reflejo de las aguas, peinando su cabellera y cantando al compas de las olas, olvidando por completo sus obligaciones y el peligro de la marea.
Su madre, consumida por la angustia, le suplicaba que al menos mariscara con el resto de los vecinos en las zonas seguras, pero la muchacha siempre respondía con desdén. Una tarde, tras una amarga discusión en la que la joven volvió a negarse a dejar de mariscar en solitario, la madre, desbordada por la fatiga y el presentimiento de una desgracia, alzó las manos al cielo y sentenció:
—“¡Así permita el Dios del cielo que te vuelvas pez, ya que tanto amas el agua y tan poco esta casa!”
Poco después, la muchacha regresó a su rincón favorito en El Pedregal. Mientras se asomaba a una peña para alcanzar el mejor marisco, su amado espejo de nácar resbaló de sus dedos. Al inclinarse desesperadamente para recuperarlo, perdió el equilibrio y cayó al mar embravecido. Luchó por volver a las rocas, pero al intentar trepar por el granito, descubrió con un grito de terror que sus piernas ya no le obedecían: se habían transformado en una poderosa cola de pez. El castigo por su desobediencia y su codicia al mariscar sola se había cumplido.
Sin embargo, su alma no se volvió amarga. Desde aquel día, la Sirenuca comenzó a usar su voz para avisar a los marineros cuando la niebla ocultaba las rocas asesinas donde ella misma solía mariscar. Los pescadores de Castro empezaron a amarla como a una protectora.
Sucedió entonces que un pescador logró atraparla en su red y, hechizado por su belleza, la besó, rompiendo el maleficio. La Sirenuca recuperó sus piernas y se casó con él, intentando llevar una vida normal. Pero el recuerdo de los acantilados y la libertad de mariscar entre la espuma nunca la abandonaron.
Un día, divisó bajo el agua de El Pedregal su antiguo espejo de nácar. El anhelo fue superior a su amor terrenal: se lanzó al agua, recuperó el espejo y volvió a transformarse en Sirenuca para siempre. Su esposo, roto por la pena, se arrojó tras ella desde lo alto de la roca, dejando que el Cantábrico guardara para siempre su historia.
La leyenda de la Sirenuca nos invita a reflexionar sobre la naturaleza indomable del espíritu y las consecuencias de la ambición solitaria. Su afición por mariscar en los lugares más peligrosos nos enseña que buscar el beneficio propio fuera de las reglas de la comunidad suele tener un precio muy alto.
Al final, el espejo de nácar actúa como un recordatorio de que, a veces, aquello que más deseamos recuperar es precisamente lo que nos condena a perder todo lo demás.
El Pedregal y la Ensenada de Castro Urdiales
La leyenda de la Sirenuca de Castro Urdiales tiene su epicentro en la zona de El Pedregal, en Castro Urdiales. Este lugar es una curiosa formación geológica donde el mar entra por una cavidad natural bajo las rocas, creando una playa de interior protegida del oleaje directo.
Es aquí donde la tradición dice que la muchacha solía peinar sus cabellos y donde, siglos después, los marineros juraban escuchar su canto antes de que la niebla cubriera el puerto. La geografía accidentada de esta parte de Cantabria es el refugio ideal para una criatura que vive entre las grietas de la tierra y la inmensidad del agua.
Has de saber que, el Pedregal no es una playa convencional, sino una piscina natural de cantos rodados situada en pleno casco urbano de Castro Urdiales, concretamente en la zona de la Puebla Vieja. Su dirección de referencia es la Calle Arturo Dúo Vital, 8, justo detrás del imponente conjunto monumental que forman la Iglesia de Santa María y el Castillo-Faro.
Lo que hace especial a este lugar, y lo que conecta directamente con la leyenda de la Sirenuca, es su formación geológica: es una ensenada cerrada donde el agua del Mar Cantábrico entra por debajo de las rocas a través de un túnel natural o cueva.

El fenómeno de las mareas:
- Cuando la marea sube, el agua inunda los cantos rodados creando una piscina cristalina perfecta para el baño.
- Cuando baja, queda un pequeño valle de piedras donde, según el mito, la muchacha mariscaba y se miraba en su espejo de nácar.
Si visitas la villa tras los pasos de la Sirenuca, no puedes dejar de visitar:
- El Pedregal: El lugar exacto de los acantilados donde la joven mariscaba y se contemplaba en su espejo.
- La Iglesia de Santa María de la Asunción: El imponente templo gótico desde donde se cree que la madre lanzó su maldición.
- El Castillo de Santa Ana: Desde sus muros se obtiene la mejor panorámica del mar donde la Sirenuca rescataba a los navegantes.
- Esculturas locales: En la zona del puerto existen diversas referencias artísticas que celebran la mitología marinera de la ciudad.
Además de visitar estos puntos de interés de Castro Urdiales, te recomendamos completar tu visita con algunas de las actividades recomendadas por Civitatis:
Dónde está el Pedregal de la Sirenuca
El Pedregal es, sin duda, uno de los rincones más singulares y mágicos de Castro Urdiales. Este lugar es fundamental porque explica visualmente cómo una muchacha pudo convertirse en la Sirenuca.
Al estar ubicado en el corazón histórico, llegar al Pedregal de la Sirenuca, en Castro Urdiales, es muy sencillo y forma parte de un paseo imprescindible por la villa:
- A pie desde el Puerto: Es el trayecto más común. Debes caminar hacia el norte, dejando el puerto a tu derecha y subiendo hacia la Iglesia de Santa María de la Asunción.
- Rodeando la Iglesia: Una vez llegues a la plaza de la iglesia, sigue el sendero que bordea los acantilados hacia la izquierda (dirección oeste). A pocos metros, verás una bajada con escaleras que te lleva directamente a esta «playa» escondida.
- Acceso en coche: El acceso en coche al casco antiguo está muy limitado. Lo más recomendable es aparcar en el parking del parque Amestoy (en el centro) y disfrutar del paseo de unos 10-12 minutos hasta El Pedregal.
A continuación, te dejamos un mapa de Google indicando la ubicación exacta donde se encuentra el Pedregal de Castro Urdiales:
Debido a que, en las zonas de costas son típicas las leyendas de sirenas, existen otra leyenda de sirena de Castro Urdiales, conocida como la niña que se convirtió en sirena, que suelen confundirse, por su similitud. Si quieres saber de qué trata, no te pierdas su relato: la leyenda de la niña que se convirtió en sirena.