Conocida como El Fantasma del río Girona, El Cocodrilo del Onyar e incluso, como La Monja-Mariposa, te presentamos una de las leyendas más curiosas y visuales de Cataluña: La Cocollona.
La leyenda de La Cocollona mezcla la sobriedad del mundo monástico con la fantasía y creencia en bestias imposibles. La Cocollona es, para Girona, lo que el Monstruo del Lago Ness es para Escocia, pero con un trasfondo de redención y castigo divino.
¿Quieres saber quién es la Cocollona y cómo pasó de ser una de las figuras más temidas de la región, a ser una de las más queridas de la imaginación de los gerundenses? ¡Sigue leyendo para descubrir La Cocollona!
Leyenda de La Cocollona
En la ciudad de los mil asedios, donde las casas de colores se asoman al río Onyar como si quisieran beber de su historia, habita un ser que desafía toda lógica biológica.
La leyenda de La Cocollona no es solo un relato sobre un monstruo fluvial; es la crónica de una transformación mística nacida de la intolerancia y el encierro. En las noches de luna llena, cuando las aguas del río bajan mansas bajo los puentes de hierro de Girona, hay quien asegura ver una silueta que combina la dureza de las escamas con la fragilidad de las alas de seda.
Prepárate para descubrir la historia de una mujer que, por no encajar en los muros de la fe, acabó convertida en el símbolo más fantástico de la ciudad:
La leyenda de la Cocollona nos traslada a la Girona medieval, una ciudad de murallas infranqueables y conventos de piedra fría.
En el Monasterio de las Bernardas, situado a orillas del río Onyar, vivía una novicia cuyo espíritu era tan vibrante como el cauce del río en primavera. Mientras el resto de las monjas se hundían en una fe gris y estricta, ella encontraba a Dios en el vuelo de los pájaros y en el rumor del agua. Su alegría y su rechazo a las normas más severas del claustro no tardaron en despertar el recelo de la abadesa y de las hermanas más antiguas, que veían en su libertad una ofensa al cielo.
Decididas a «salvar» su alma mediante el sufrimiento, las monjas la condenaron a un aislamiento absoluto. Fue arrojada a una celda subterránea, una mazmorra excavada en los cimientos del convento, tan baja que las filtraciones del río Onyar mantenían el suelo perpetuamente inundado.
Allí, entre muros que lloraban humedad y una oscuridad que se podía tocar, la joven pasó años sin ver la luz del sol ni escuchar una voz humana. Solo recibía pan y agua a través de una pequeña rejilla, mientras el río, al otro lado de la piedra, se convertía en su único compañero.
Con el paso de las décadas, la soledad y el agua obraron un cambio prodigioso y aterrador en su cuerpo. Sus piernas y sus brazos, entumecidos por el frío, se unieron y se cubrieron de unas escamas duras, verdes y brillantes, hasta formar una cola poderosa y un torso acorazado. Su rostro se alargó en un hocico de reptil, convirtiéndose, a ojos de los hombres, en un cocodrilo. Sin embargo, su espíritu seguía siendo el de aquella muchacha que amaba la luz. Como prueba de su pureza y de su anhelo de libertad, de su espalda brotaron dos alas de mariposa inmensas, de colores irisados y delicadeza extrema, que brillaban incluso en la oscuridad de su tumba de piedra.
Cuando finalmente la monja murió, su cuerpo no se deshizo en polvo. La criatura, la Cocollona, se deslizó por las grietas de la mazmorra hacia el cauce del Onyar, donde encontró el refugio que la tierra le había negado.
Desde entonces, se dice que habita en las profundidades del río. No es un ser agresivo; es un alma errante que nada con la fuerza de un caimán pero con la elegancia de una mariposa. En las noches de luna llena, emerge cerca de los puentes, y quienes logran verla no sienten miedo, sino una profunda paz, pues comprenden que la Cocollona es el testimonio vivo de que la belleza puede sobrevivir incluso al encierro más cruel.
La leyenda de la Cocollona nos enseña que las murallas más altas y las celdas más profundas no pueden contener la verdadera esencia de un alma libre. Es un recordatorio de que la intolerancia y el juicio severo de los demás a menudo crean monstruos a la vista de los hombres, pero milagros a la vista del cielo. La Cocollona nos dice que podemos ser heridos, cambiados y ocultados, pero nuestra capacidad de soñar —nuestras alas— siempre encontrará la forma de emerger, transformando el castigo en una leyenda que sobrepasa el tiempo.
A día de hoy, la Cocollona es una de las figuras más emblemáticas y queridas de la ciudad. Lejos de ser un espectro oculto, es la protagonista de las fiestas locales y su efigie desfila por la Rambla de la Llibertat como uno de los cabezudos más populares del bestiario gerundense.
Los ciudadanos de Girona la han adoptado como un símbolo de resistencia y libertad. Incluso en las rutas turísticas nocturnas, los guías invitan a los visitantes a asomarse al Pont de Pedra o al Pont de les Peixateries Velles para buscar entre los reflejos plateados del agua el brillo de esas alas imposibles que, según dicen, siguen batiendo bajo el cauce del Onyar.

De dónde viene el nombre de La Cocollona
El nombre de La Cocollona es un neologismo popular catalán, un término «inventado» por la gente de Girona que describe perfectamente la naturaleza dual y fantástica de la criatura.
Su origen procede de la unión de dos palabras catalanas que designan a los dos animales que componen su cuerpo:
- Cocodril (Cocodrilo): Por la parte reptiliana de su cuerpo, las escamas rugosas y su vida sumergida en el río Onyar.
- Papallona (Mariposa): Por las grandes y coloridas alas que brotaron de su espalda como símbolo de su alma pura y su anhelo de libertad.
Al fusionar Coco-dril y papa-llona, nació el nombre de Cocollona. El nombre es femenino porque la leyenda siempre deja claro que la criatura es el resultado de la transformación de una monja (la novicia del convento de las Bernardas).
Aunque el nombre pueda sonar extraño o incluso imponente, en Girona se pronuncia con un matiz de cariño y respeto, ya que se considera un ser protector y una víctima de la intolerancia, más que un monstruo agresivo.
Antes de popularizarse este nombre compuesto, la leyenda se refería simplemente a «la monja que se volvió cocodrilo», pero la sonoridad de Cocollona caló con tanta fuerza en el folklore local que acabó bautizando oficialmente a la figura del bestiario festivo de la ciudad.
El río Onyar y el barrio del Mercadal
Para seguir el rastro de la Cocollona, hay que caminar por la arteria principal de la Girona histórica: el río Onyar. Recorreremos las inmediaciones del Monasterio de las Bernardas y los puentes de Girona.
El origen de la historia se sitúa en el antiguo Convento de Santa Maria de Cadins (las Bernardas), cuya ubicación cerca del río explica la conexión del relato con el agua. Hoy en día, la zona se ha transformado, pero pasear por la calle de las Bernardas permite imaginar el rigor de aquel claustro donde la joven novicia sufrió su encierro.
La leyenda cobra vida especialmente en el tramo comprendido entre el Pont de Pedra y el Pont de Sant Agustí. Al ser un río de poca profundidad en algunas épocas del año, la vegetación y el lodo del fondo crean formas que, bajo la luz adecuada, alimentan la sugestión de quienes buscan la silueta de la criatura.
Las fachadas de las casas colgantes del Onyar, con sus tonos ocres y rojizos, sirven de telón de fondo para este escenario mítico.

Si visitas Girona para conocer a la Cocollona, estos son los puntos clave:
- Las Casas del Onyar: Las famosas casas pintadas que bordean el río donde vive la criatura.
- Puente de las Pescaderías Viejas (Eiffel): Un lugar ideal para observar las aguas en busca de la monja-mariposa.
- El Barrio del Mercadal: Donde se ubicaba el convento y donde la historia ha dejado una huella más profunda.
- Museo de Historia de Girona: Donde a menudo se pueden encontrar referencias al bestiario local y a la evolución de estas leyendas urbanas.
Dónde está la Cocollona
Lógicamente, la criatura no tiene un altar, pero su presencia se siente en todo el cauce fluvial, más concretamente en el río Onyar a su paso por el casco histórico de Girona.
Para llegar al lugar, has de saber que, Girona está perfectamente conectada por el tren de alta velocidad (AVE) desde Barcelona. Una vez en la estación, basta con caminar diez minutos hacia el este para llegar a los puentes que cruzan el río, donde comienza el dominio de la leyenda.
A continuación, te dejamos indicada en el mapa donde se encuentra el Convento de Santa maría de Cadins, lugar de origen de la leyenda de monja-mariposa con cuerpo de cocodrilo: