Conocida como «La historia de amor más grande jamás contada» en España, te presentamos la leyenda de los Amantes de Teruel. Esta leyenda es mucho más que un simple relato popular; es el alma misma de la provincia aragonesa. Ambientada en el siglo XIII, esta tragedia narra el destino de Isabel de Segura y Diego de Marcilla (o Juan Martínez de Marcilla), dos jóvenes cuya pasión desafió las convenciones sociales de su tiempo y las crueles jugarretas del destino.
Cada año, la ciudad de Teruel se engalana para revivir estos hechos. El interés por esta leyenda no ha dejado de crecer, convirtiéndose en un fenómeno cultural que atrae a miles de visitantes, especialmente durante el mes de febrero. Es en estas fechas cuando la historia cobra vida a través de las recreaciones históricas, envolviendo al espectador en una atmósfera medieval única.
Para el turista y el amante de la historia, conocer a los Amantes de Teruel es sumergirse en una España de caballeros, alcurnias y promesas sagradas. Su legado es tan potente que hoy en día sus restos descansan juntos en un mausoleo que es símbolo de la devoción eterna, recordándonos que el amor, a veces, solo encuentra su lugar en la eternidad.
Leyenda de los Amantes de Teruel
Esta es, sin duda, la joya de la corona del romanticismo español. Si otras leyendas de la zona nos hablan de sombras y miedos, los Amantes de Teruel nos hablan de una lealtad que rompe las barreras de la muerte. Es una historia que impregna cada rincón de la ciudad mudéjar y que, cada febrero, transforma a Teruel en la capital mundial del amor.
¿Quieres saber qué sucede en esta increíble historia de amor que tiene lugar en Teruel? Aquí te dejamos al completo la leyenda de los Amantes de Teruel:
Hace muchos siglos, cuando las torres de Teruel aún eran jóvenes, vivían dos niños que compartían juegos, risas y secretos: Isabel de Segura y Diego de Marcilla. Crecieron como crecen las hiedras, entrelazando sus vidas hasta que un día comprendieron que no sabían respirar el uno sin el otro. Pero el destino, que a veces es caprichoso, puso una muralla entre ellos: la riqueza de ella y la pobreza de él.
«No te entregaré a un hombre sin fortuna», sentenció el padre de Isabel. Diego, lejos de rendirse, la miró a los ojos y le hizo una promesa: «Espérame cinco años. Iré a la guerra, ganaré honores y volveré con oro suficiente para comprar el mundo si hace falta». Isabel asintió con lágrimas en los ojos, sellando un pacto que el tiempo intentaría borrar, pero que su corazón guardaría bajo llave.
Pasaron los días, los meses y los años. Isabel rechazaba a cada pretendiente, manteniendo su mirada fija en el horizonte por donde Diego se marchó. Pero el plazo se agotaba. El quinto año llegó a su fin y de Diego no había noticias. Presionada por su familia y creyendo a su amado muerto en batalla, Isabel, con el alma rota, aceptó casarse con otro hombre. Justo el día en que las campanas de Teruel repicaban por su boda, un jinete exhausto y cubierto de polvo entraba por las puertas de la ciudad. Era Diego. Había vuelto, rico y glorioso, pero un suspiro tarde.
Esa noche, Diego burló la vigilancia y entró en la alcoba de la recién casada. No quería joyas ni venganza, solo una prueba de que su sacrificio había valido la pena. Se acercó a Isabel y le suplicó: «Bésame, que me muero». Pero Isabel, desgarrada entre el amor y su deber como esposa fiel ante Dios, le susurró: «No quiera Dios que yo falte a mi marido». Al oír aquel «no», el corazón de Diego, que había resistido flechas y espadas, no pudo soportar el dolor y se detuvo en seco, cayendo muerto a sus pies.
Al día siguiente, la ciudad entera se vistió de luto. Durante el funeral, una mujer envuelta en un velo negro se acercó al cuerpo de Diego. Era Isabel. Se inclinó sobre él, con el peso de todos los besos que no se dieron, y le dio en sus labios fríos aquel beso que le negó en vida. En ese mismo instante, como si sus almas hubieran hecho un pacto definitivo, ella también cayó muerta sobre el pecho de su único y verdadero amor.
Dicen que, desde entonces, en las noches de febrero, si paseas cerca de San Pedro, todavía se puede sentir el eco de un amor que ni el tiempo, ni la distancia, ni la propia muerte lograron vencer.
Aunque la tragedia marcó el fin de sus vidas, el nombre de los Amantes de Teruel ha perdurado durante siglos como el máximo símbolo de la lealtad y la pasión. Hoy, sus restos descansan bajo hermosas esculturas que parecen querer tocarse, recordándonos que no hay obstáculo —ni siquiera la propia muerte— capaz de borrar una promesa hecha desde el alma.
Al final, Diego e Isabel no nos dejaron una historia de derrota, sino una lección eterna: que en Teruel, el amor siempre tiene la última palabra.
Iglesia de San Pedro, Ciudad de Teruel
Tal y como indica su nombre, la leyenda de estos amantes tiene lugar en la mismísima ciudad de Teruel, en la comunidad de Aragón.
En el siglo XIII, Teruel era una villa fronteriza de gran importancia estratégica. Los escenarios reales de la historia incluyen las antiguas murallas, las estrechas calles del centro histórico y, de manera muy especial, la Iglesia de San Pedro. Fue en esta iglesia donde, según la tradición, ocurrieron los funerales y donde el pueblo, conmovido por la tragedia, decidió que los amantes debían ser enterrados juntos para que la muerte no los separara más.
El entorno mudéjar, con sus torres de ladrillo y cerámica, aporta un misticismo especial que hace que el visitante sienta que el tiempo se ha detenido en aquella fatídica noche de 1217.

Fiesta de las Bodas de Isabel de Segura
Las Bodas de Isabel de Segura es el evento que transforma por completo a Teruel y la convierte, por unos días, en una auténtica villa del siglo XIII.
Cada año, con la llegada del mes de febrero, las calles de Teruel se prepara para dicha celebración. Se trata de una de las recreaciones históricas más importantes y espectaculares de España. Lo que empezó en 1997 como una pequeña representación, hoy es una fiesta declarada de Interés Turístico Internacional (título conseguido recientemente, en 2025). Durante cuatro días, la ciudad retrocede al año 1217.
Qué ver en Teruel
Si visitas Teruel siguiendo la estela de los amantes, te recomendamos echar un vistazo a estos lugares, considerados puntos imprescindibles de la ciudad de Teruel:
- Mausoleo de los Amantes: Situado junto a la Iglesia de San Pedro. Allí podrás ver las impresionantes esculturas de alabastro de Juan de Ávalos, donde las manos de Isabel y Diego casi se tocan, pero no llegan a hacerlo, simbolizando su amor imposible.
- Las Bodas de Isabel de Segura: Si viajas en febrero, vivirás la recreación histórica donde toda la ciudad viste de época y se representan las escenas clave de la leyenda.
- Torres Mudéjares: Las torres de San Salvador y San Martín, declaradas Patrimonio de la Humanidad, que servían de vigía en la época en que Diego regresaba a la ciudad.
- Plaza del Torico: El corazón social de la ciudad, donde la atmósfera medieval se siente en cada esquina.
Para completar tu visita por esta fantástica ciudad de la comunidad de Aragón, te invitamos a descubrir otros puntos interesantes que visitar en Teruel, a través de las actividades recomendadas por Civitatis:
Dónde está el Mausoleo de los Amantes de Teruel
📍 Dónde están los Amantes de Teruel
El mausoleo de los Amantes de Teruel se encuentra en el interior de la capilla del Sagrado Corazón de la iglesia de San Pedro de Teruel. Este mausoleo data del s. XVII, anexada a la iglesia mucho más antigua en el tiempo, del s. XIV.
En el mausoleo de los Amantes de Teruel nos encontraremos con las esculturas yacentes de Isabel de Segura y Diego de Marcilla, conocidos popularmente como los Amantes de Teruel. La escultura es obra de Juan de Ávalos, realizadas en 1956 y esculpidas en alabastro.

A continuación, te dejamos la ubicación exacta del mausoleo de los Amantes de Teruel, indicado en un mapa de Google para que puedas encontrarlo fácilmente en tu visita a Teruel:
¿Quieres completar tu visita por Teruel y conocer otras leyendas interesantes a parte de los Amantes de Teruel? Echa un vistazo a las siguientes actividades que puedes realizar por Teruel y alrededores: