La Princesa del Barranco de la Encantada

En las montañas del interior de Alicante, cerca del pequeño municipio de Planes, existe un barranco donde las aguas cristalinas discurren entre profundas gargantas de piedra caliza. Es un lugar de extraordinaria belleza, pero también escenario de una de las leyendas más misteriosas de la Comunidad Valenciana.

Según la tradición, una hermosa princesa musulmana permanece prisionera de un encantamiento, custodiando un fabuloso tesoro escondido en las entrañas de la montaña. Solo una vez cada cien años puede abandonar su encierro para buscar a alguien capaz de romper el hechizo que la mantiene cautiva. Sin embargo, aquellos que tienen la fortuna de encontrarse con ella deben superar una prueba: elegir entre el amor de la princesa o las riquezas que guarda.
Y, según cuenta la leyenda, la codicia de los hombres ha impedido durante siglos que la joven recupere su libertad. Hablamos de la Princesa del Barranco de la Encantada.

Leyenda de la Princesa del Barranco de la Encantada

Te presentamos una leyenda especialmente interesante porque conserva una moraleja clara, una tradición documentada desde el siglo XVIII y un paisaje real que puede visitarse. ¿Quieres conocer la leyenda de la Princesa del Barranco de la Encantada? Sigue leyendo 😉

Hace muchos siglos, cuando las tierras del actual valle de Planes se encontraban bajo dominio musulmán, sus habitantes vivían entre fértiles campos, pequeñas aldeas y fortalezas levantadas sobre las montañas. Pero aquella tranquilidad terminó cuando los ejércitos cristianos del rey Jaime I comenzaron a avanzar por el territorio valenciano.

Ante el temor de perder sus posesiones, los habitantes más ricos de la comarca decidieron esconder sus tesoros en un lugar inaccesible. Después de recorrer las montañas, encontraron una profunda cueva oculta entre las paredes rocosas de un barranco. Allí depositaron cofres repletos de monedas de oro, joyas, piedras preciosas y objetos de incalculable valor. Su intención era regresar algún día para recuperarlos, cuando las tierras volvieran a estar a salvo. Sin embargo, antes de abandonar aquel refugio, decidieron asegurarse de que nadie pudiera descubrir el escondite. Para ello recurrieron a un poderoso encantamiento.

Una hermosa joven, a quien la tradición recuerda como una princesa mora, quedó destinada a custodiar aquellas riquezas. El hechizo la convirtió en prisionera de la cueva, incapaz de abandonar definitivamente las profundidades de la montaña.

El tiempo pasó. Los antiguos habitantes nunca regresaron y la entrada de la cueva terminó oculta entre las rocas y la vegetación. Pero la princesa permaneció allí, rodeada de un tesoro que no podía disfrutar y condenada a una existencia interminable. El encantamiento imponía una única excepción a su cautiverio: Cada cien años, durante un breve periodo, la princesa podía abandonar su palacio subterráneo y caminar por las inmediaciones del barranco.

Su belleza era extraordinaria. Tenía largos cabellos, un rostro delicado y una mirada triste que reflejaba los interminables años de soledad. Adornada con valiosas joyas, recorría las orillas del agua buscando a algún hombre que estuviese dispuesto a ayudarla. El hechizo establecía una condición muy sencilla, aunque difícil de cumplir: Solo recuperaría su libertad si alguien la elegía a ella por encima de las riquezas que ofrecía. Quien superase aquella prueba no solo rompería el encantamiento, sino que podría compartir con la joven el maravilloso tesoro escondido en la montaña. Pero si escogía las joyas, perdería para siempre la oportunidad.

Cierta mañana, cuando el sol comenzaba a iluminar las montañas, un humilde leñador se encontraba trabajando cerca del barranco. Había salido muy temprano para recoger madera y apenas había recorrido una parte del camino cuando escuchó una voz femenina que lo llamaba. Sorprendido, dejó el hacha sobre una piedra y miró a su alrededor. Entre los árboles apareció una joven de extraordinaria hermosura. Llevaba ropas delicadas, impropias de alguien que viviera en aquellas montañas, y en sus manos sostenía un magnífico collar de plata adornado con un diamante y un rubí.

El hombre quedó inmóvil, incapaz de comprender de dónde había salido aquella desconocida. La joven se acercó lentamente y, mostrándole el collar, le hizo una pregunta:

— Dime, buen hombre, ¿qué prefieres? ¿Esta joya o a mí?

El leñador contempló el collar maravillado. Nunca había visto una joya semejante. Su valor debía de ser inmenso. Con ella podría abandonar su humilde existencia, comprar tierras y una buena casa, y vivir sin preocuparse nunca más por el dinero.

La princesa aguardó en silencio. Durante un instante, sus ojos parecieron llenarse de esperanza. Quizá aquel hombre sería diferente de todos los anteriores. Quizá comprendería que la mujer que tenía delante valía mucho más que cualquier tesoro. Pero el leñador, deslumbrado por el brillo de las piedras preciosas, respondió sin apenas vacilar:

— Prefiero la joya.

La expresión de la joven cambió inmediatamente. La esperanza desapareció de su rostro y una profunda tristeza se apoderó de ella. Había esperado cien años para encontrarse con aquel hombre y, una vez más, la codicia había resultado más poderosa que la compasión.
Entonces, con voz dolorida, le reveló su secreto:

— En aquellas rocas, por encima del barranco, tengo un palacio encantado. En su interior se guardan riquezas que jamás podrías imaginar. Señaló hacia una elevada pared de piedra, donde el leñador apenas distinguía una estrecha abertura.

— Si me hubieras elegido a mí, todo cuanto allí se encuentra habría sido nuestro. Habrías compartido conmigo el tesoro y habrías roto el hechizo que me mantiene prisionera.

El hombre escuchó aquellas palabras con creciente inquietud. Comprendió que acababa de cometer un terrible error. Había rechazado una fortuna infinitamente mayor que la joya que tanto deseaba. Pero ya era demasiado tarde.

La princesa lo miró por última vez y pronunció su condena:

— Has preferido el oro a mi libertad. Por tu elección, nunca conocerás la verdadera felicidad.

En aquel instante, una extraña claridad comenzó a envolverla. La joven se desvaneció ante los ojos del leñador, como si su figura se disolviera lentamente entre las primeras luces del amanecer. Cuando quiso acercarse, ya no había nadie. Y el magnífico collar también había desaparecido.

El leñador permaneció largo rato junto al barranco, contemplando el lugar donde la misteriosa mujer había desaparecido. Después comenzó a buscar desesperadamente la entrada de la cueva. Escaló entre las rocas, apartó la vegetación y examinó cada grieta de la montaña. Estaba convencido de que, si conseguía encontrar el palacio encantado, todavía podría recuperar el tesoro.

Pero todas sus tentativas resultaron inútiles. No encontró ninguna entrada, ningún pasadizo y ninguna señal de las riquezas que la princesa le había descrito.
Finalmente regresó a su aldea con las manos vacías.

Desde aquel día, según cuenta la tradición, el hombre no volvió a ser feliz. Vivió atormentado por el recuerdo de la joven y por la certeza de haber dejado escapar una fortuna que nunca volvería a encontrar.

Mientras tanto, en las profundidades de la montaña, la princesa continuó esperando. Deberían transcurrir otros cien años antes de que pudiera regresar a la superficie y ofrecer a un nuevo desconocido la oportunidad de liberarla.

Han pasado siglos desde que los antiguos habitantes musulmanes escondieron sus tesoros en aquel barranco. Los reinos desaparecieron, los caminos cambiaron y las generaciones se sucedieron unas a otras. Pero la leyenda asegura que la princesa continúa encerrada en su palacio subterráneo.

Algunos relatos cuentan que, cuando las aguas del barranco están tranquilas, es posible distinguir en sus profundidades las formas de un magnífico alcázar, donde la joven pasea solitaria entre columnas y riquezas olvidadas.

Otros aseguran que, una vez cada cien años, vuelve a surgir entre las rocas, sosteniendo una joya extraordinaria y esperando encontrar finalmente a alguien capaz de elegirla a ella.

Tal vez el próximo viajero que se aventure por el Barranco de la Encantada escuche una voz desconocida entre los árboles. Y quizá, al volverse, descubra a una hermosa joven que le ofrece una joya y le hace una sencilla pregunta: «¿Qué prefieres, el tesoro o a mí?».

De su respuesta dependerá que el encantamiento termine para siempre… o que la princesa deba esperar otros cien años.

Origen histórico de la leyenda

La leyenda del Barranco de la Encantada es una tradición oral documentada, como mínimo, desde finales del siglo XVIII. En 1797, el naturalista valenciano Antonio José Cavanilles describió el barranco en su obra Observaciones sobre la historia natural, geografía, agricultura, población y frutos del Reyno de Valencia.
Cavanilles mencionó una peculiar piedra circular, situada a cierta altura sobre las aguas, que los habitantes identificaban como la entrada de una mina donde los musulmanes habrían escondido sus riquezas y dejado encantada a una doncella. También recogió que la joven aparecía cada cien años.

El relato completo del leñador, la joya y la elección entre riqueza y amor se conserva en versiones posteriores, incluida una composición tradicional recogida por el Ayuntamiento de Planes. La narración anterior es una adaptación literaria de estas tradiciones. Los diálogos desarrollados y determinadas escenas son recursos narrativos; no pretenden ser una transcripción literal del folclore.

Leyenda de La Princesa del Barranco de la Encantada

Curiosidades de la leyenda

¿Quieres saber más sobre esta curiosa leyenda popular en Alicante? Aquí te dejamos algunas de las curiosidades de la leyenda de la Princesa del Barranco de la Encantada:

✶ Una leyenda con más de dos siglos de documentación: La primera referencia escrita conocida data de 1797, aunque la tradición probablemente es anterior.

✶ La misteriosa ventana de piedra: Cavanilles describió una formación rocosa circular que los habitantes interpretaban como la entrada a la cueva del tesoro. También mencionó una inscripción con la fecha de 1573.

✶ En la leyenda el tesoro no es la verdadera recompensa: La moraleja de la historia es que la codicia impide al protagonista obtener algo mucho más valioso: la libertad de la princesa y una felicidad compartida.

✶ Hay distintas versiones de la joya: En unas variantes la princesa ofrece un collar de plata con piedras preciosas; en otras aparece con una peineta o una corona de oro.

✶ Una princesa convertida en mujer de agua: Algunas interpretaciones la relacionan con las encantades o mujeres de agua de la tradición valenciana. Incluso existen variantes fantásticas que le atribuyen un cuerpo parcialmente animal.

    ¿Dónde se encuentra el Barranco de la Encantada?

    📍 Dónde está el Barranco de la Encantada en Alicante

    Tal y como hemos indicado anteriormente, esta leyenda tiene lugar en el Barranco de la Encantada, rodeado de un impresionante paisaje natural que merece la pena visitar. ¿Dónde está el Barranco de la Encantada? Te preguntarás.

    El Barranc de l’Encantada se encuentra en el municipio de Planes, en la comarca alicantina de El Comtat, dentro de la Comunidad Valenciana.

    Leyenda de La Princesa del Barranco de la Encantada



    El barranco atraviesa un paisaje de paredes calizas, pozas naturales y pequeñas cascadas, destacando el conocido Gorg del Salt, uno de sus rincones más fotografiados. Es posible recorrer la zona mediante itinerarios senderistas desde Planes. La presencia de agua y la dificultad del acceso a determinadas zonas varían según la época y las condiciones meteorológicas.

    A continuación, te indicamos la ubicación del Barranco de la Encantada en el mapa, para que te sea mucho más fácil su localización:

    Si finalmente decides visitar el Barranco de la Encantada, puedes completar tu viaje por la zona con algunas de las siguientes recomendadas por Civitatis por Alicante y su provincia:

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